
La Unión Europea es como la educación: el futuro de nuesto país, allá donde se libran las batallas decisivas a largo plazo. Al final, aporta pocos votos y, consecuentemente, los partidos políticos le dan poco peso en su estrategia política. Algo así como el solterón tío rico, avaro, lleno de achaques, que vive su vida tranquilo y sin que lo molesten. Del que nadie puede hablar mal por miedo a quedarse sin herencia. El tío rico al que, por otra parte, nunca le llega la hora, que vive eternamente.
Eso sí, a ver quién deja de invitar al tío rico a la cena de navidad, por muy mal que se porte, por mucho que insulte al cuñado o le mire el culo a la sobrina. El que paga manda. De la misma manera, el célebre “déficit democrático de la UE” se justifica a sí mismo pese a los errores de Bruselas y gracias a la indiferencia de las capitales europeas.
Los eurodiputados, por su parte, llevan meses nerviosos. Predicando en el desierto las bondades de Europa y lo mucho que se juega en las elecciones al Parlamento Europeo, para las que quedan poco menos de dos meses. Se quejan de que no salen en los medios, hacen cálculos acerca de los eurodiputados de tal o cual partido, de si ellos estarán en las listas y sobre si la abstención les hará ponerse colorados, al menos de cara a la galería. Bajo el lema “Tú eliges” pretenden movilizar a una sociedad europea paralizada por la crisis.
Ellos sí se van de vacaciones de Semana Santa, a diferencia de un Gobierno taquicárdico. El equipo de Zapatero, además de remodelarse para la crisis, presenta una imagen distinta para tratar de ganar precisamente el examen que no cuestionará una estrategia global contra la crisis o la doctrina que inspiró a sus responsables.
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En Libération lo tienen claro. Marx resucita, 126 años después de su muerte. La idea no es nueva. Se baraja desde el inicio de la crisis económica como un revulsivo a una época de excesos y descontrol. Sin embargo, el grito de “In Marx we trust” tiene un sentido más publicitario que práctico. En un mes lo confirmaremos.

