El ‘enemigo’ de Europa, de visita en Bruselas

 

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El presidente de la República Checa estaba muy tranquilo. Sabía lo que le esperaba. Sabía a lo que iba. Sonó el himno (de la alegría, la novena de Beethoven), la bandera ondeó, los parlamentarios se pusieron en pie y los ujieres desplegaron el protocolo habitual. Pero ni a Vaclav Klaus, presidente de la República Checa, le gusta la bandera Europea, porque se niega a izarla en su residencia oficial, ni el protocolo de la UE, donde asegura que hay “una gran distancia entre el ciudadano y las instituciones, un déficit democrático, una pérdida de la responsabilidad, decisiones tomadas no por los elegidos, sino por los designados”.

Klaus presume de bandera euroescéptica, de reunirse con los que hacen campaña por el no en el referendum del Tratado de Lisboa, ese tratado dogma para Bruselas, sucesor de la Consitución comunitaria y que apoyan más del 60% de los checos, además del Parlamento. Y él es el jefe de Estado del país que preside la UE hasta junio.

Lo mejor quizás ha sido cómo, en contra de las organizaciones internacionales, la UE, y hasta Greenspan (el nuevo keynesiano), o Bush, el presidente checo dijo que la crisis se debía a que el mercado no es lo suficientemente libre. Vamos, que menos reglas y que se sigan creando productos virtuales.

Los eurodiputados también sabían a lo que iban. Patalearon. Abuchearon. Salieron del hemiciclo a grito de “vergüenza”.

Pero Klaus es peligroso, porque como un converso predica valores como la libertad. En exclusiva.

Yet, over the twenty years since the fall of communism, I have been repeatedly witnessing that the feelings and fears are stronger among those who spent a great part of the 20th century without freedom and struggled under a dysfunctional centrally planned and state-administered economy. It is no surprise that these people are more sensitive and responsive to any phenomena and tendencies leading in other directions than towards freedom and prosperity. The citizens of the Czech Republic are among those I’m talking about.

En su discurso, aplaudido por la extrema derecha y algunos conservadores británicos, destila además una comparación bastante ofensiva: la de la UE y la Unión Soviética. Klaus se siente víctima de ambas.