Magritte y la perversión del lenguaje

Ceci n'est pas une pipe

Hace tanto tiempo que no escribo en el blog, tanto tiempo que no lo hago en serio, que entrar en el sistema de administración, escribir en esta vertiginosa página en blanco, me produce cierto nerviosismo.

Para mitigar la sensación voy a hacer trampa una vez más y sucumbir a la lacra de la autocita. Será algo puntual, como estas entradas furtivas.

Hoy, que diga algo René Magritte, que el dos de junio tendrá por fin un museo en condiciones en la ciudad donde murió. Lo escribo hoy en Público.

René Magritte y Joan Miró protagonizaron en la ciudad de París, conquistada en 1927 por el surrealismo, “una pelea infantil”, según relata Michel Draguet, director de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica. Magritte, que “trabajaba en el edificio donde Miró tenía su estudio”, le reprochaba al maestro catalán que se atreviese a titular una de sus obras con la frase Este es el color de mis sueños (1925).

Como reacción, Magritte dibujó con precisión una pipa perfectamente definida, bajo la que insertó la leyenda “esto no es una pipa”. La tituló La traición de las imágenes (1929) para “insistir en que la representación no es, por definición; para ahondar en que la pintura no puede decir lo que es, sólo lo que no es”, en palabras de Draguet a Público, antes de una visita al nuevo museo consagrado en Bruselas al pintor belga más internacional.